domingo, 2 de mayo de 2010

En un mundo maldito Capitulo 8

Seguía en ese tren, el pasar de las horas no tenía fín, no lo entiendo, se supone que llegaríamos en nada. -¿Hacía dónde se dirigirá?-me preguntaba, sin prestar atención a mi preocupación.
Llegó el momento, que anuncia la parada, y por fín me bajo, le pido a la señora que me acompañe, pero me dice que va al aseo, y no la vuelvo a ver.
Salgo de la estación y para mi asombro-¡No me lo puedo creer..!.Estoy en el mismo sitio, en la misma ciudad.
Y......¡No puede ser!. Está Javier esperándome.¿Cómo lo habrá sabido?.
Le veo allí, nervioso, mirándome, como si de una loca se tratara, y acércandose hacia mi.
-¡Cielo!-¿A dónde ibas?-me pregunta.
- Necesitaba pasear.-como si nada, le contesto.

Entonces, me coge de la mano y me mira a los ojos, diciéndome.-No vuelvas a marcharte, me has preocupado, además parece que huyes.
-Javier, no te recuerdo, y estoy asustada.
-Cielo, no importa, te ayudaré a recordar.

Su mirada ahora es tierna, pero no me inspira ternura. Sus ojos cálidos, pero no confío en su mirada. Y sus manos calientes, pero a mi me dan escalofríos.

Vamos caminando, no sé por donde vamos, me dice que me llevará a mi restaurante favorito. Yo tengo que ir con el, porque no tengo a quien pedir ayuda. Le miro, y de repente, como si me tuviera que decir algo, de forma impaciente, me mira, y se apresura a decir:

-Mira, cuqui, ya estamos.-me sorprende con un guiño de ojos.

El restaurante, para mi asombro es familiar. Pedimos mesa, y la camarera, tiene una mirada inexpresiva, nos habla de forma autómatica, sin gesticular. Y a continuación pedimos unas pizas.
Estoy sentada con el, me habla de nosotros, me explica nuestra "supuesta historia". Yo le escucho, y me sonrío al oirle hablar, me sonrío de la forma que hacemos cuando sabemos que nos estan tomando el pelo. No me creo su historia, por la sencilla razón, que lo que me cuenta, no se corresponde a mi personalidad. Yo no puedo haber cambiado mi caracter, supongo..
La camarera nos trae la cena, y empiezo a comerla, me vuelvo a sorprender porque el sabor de la piza, es muy familiar.
Y Javier se percata de eso, y sonrie, lo hace de una manera satisfactoria, como dándose la razón.

De pronto suena una canción que me pone triste....


No hay comentarios: