martes, 29 de noviembre de 2011

En la oficina


Alejandro se quedó pensando.....quizás esa chica de ojillos vivarachos escondiera algo de tristeza, y tal vez, fuera una dama de un cuento buscando el amor verdadero.

Prosiguió a averiguar:

-Mira Sara, te entiendo, yo sería incapaz de abandonar a mi mujer, no nos va bien, hemos llegado a una crisis, pero la quiero, es que la veo y la quiero. Y eso lo sé.... y siento tanto todo, pero es cierto que, a mucho pesar mío, últimamente diambulamos por la casa como desconocidos, y yo no sé qué hacer.

En ese momento Sara comprendió que todo el amor que ella sentía por él, a la misma vez él sentía por su mujer, también pensó que si le tentara podría conseguir algun tipo de aventurilla, pero de qué serviría, ella quería un hombre para ella, y que le dedicara tiempo y amor y está claro que Alejandro no podría.

-Una pregunta Alejandro, imagínate que pasa el tiempo y la relación sigue en crisis, y tú sigues queriendo a tu mujer ¿pero qué harás, arruinarás tu vida, por ese sentimiento? - buscaba Sara una respuesta que le dijera definitivamente si tendría que abandonar ya.

-No, está claro que no, y ya no por mí, sino por ella también, así no seríamos felices ninguno, pero ahora lo único que me queda es luchar, por intentar recuperar lo que teníamos, aunque algo me dice que cuando la cosa va así de triste, quizás encontremos otras personas que nos den más felicidad, y lo nuestro sea irrecuperable.

Sara, se quedó duditativa "otras personas que nos den más felicidad" ¿eso sería una esperanza? o quizás es una manera derrotista de conformarse, en plan de: si no me quiere mi mujer, alguién lo hará.

Continuará...

sábado, 26 de noviembre de 2011

En la oficina


Sara, cogió su bolso y bajó con Paola en el ascensor, las dos marchaban a casa y justamente al despedirse por caminos contrarios, Sara se encontró con su sueño prohibido. Le miró algo triste, -era viernes y ella odiaba este día, porque suponía que no lo volvería a ver hasta el lunes-, además sabía que volvería a casa con su mujer y sus dos hijos.

Sara, le miró con cierta pena, y le dijo: -bueno por fin, ya es viernes, entonces ya hasta el lunes -intentó hacer una mueca para sonreir, (la cual cada vez le costaba más).

-Sara, sí, me esperan en casa, pero bueno, ya sé que este no es lugar para contar, pero no lo estoy pasando muy bien -miró con cierta melancolía.

-¿Qué te ocurre?, -esperaba impaciente Sara, esperando alguna palabra que la consolora, o le hiciera saber que no era un sueño creado por ella, que sí, que había algo más, y que él también se sentía atraido.

Pero......

-Mira, Sara, tú eres soltera, ¿sabes?, bueno que eso, que a veces envidio esa vitalidad tuya, esa libertad....es como te veo, como si la vida entrara de golpe para tí, y no dejaras nada más a los demás.

-¿Quieres decir que tú no te sientes libre?- le miraba con curiosidad Sara.

-En parte sí, creo que al tener tantas responsabilidades con la vida, dejas un poco de ser tú mismo, porque al pesar en tus preocupaciones, pierdes algo de esa vitalidad que tenías antes. No quiero que pienses que soy feliz y no quiero a mi familia, pero al ver tu alegría, tu espacio libre, todas las cosas que puedes hacer en tu tiempo, es como si yo sintiera que la vida me ha arrebatado parte de eso.

-No me digas estas cosas, parece que me haces sentir mal por mi situación, yo creo que no es así, yo busco eso que tienes tú, alguien que me ate de amor, y me de hijos, y...que bueno, que yo no quiero mi libertad, quiero un "para siempre" -le miró algo apenada.

Continuará

viernes, 25 de noviembre de 2011

En la oficina


-Sara..déjame ya ¿no ves que os hora de irse a comer a casa?
-Vale, vale pero te tengo que contar.

.....Estoy enamorada de Alejandro, sé que no es feliz en su matrimonio, pero está casado y esa es la penosa realidad.

-Buff, eso nunca funciona, por muy mal que vaya su matrimonio, él seguirá casado y tú te esconderás por los rincones...hazme caso.

-No, no, si lo sé, pero... ¿qué hago?. Es que .... su mirada, su manera de explicarme el trabajo, los descansos, el tiempo para el cigarrillo, ( y no me digas que es malo para la salud, que ya lo sé, pero si cuando fumo le veo, no debe ser tan malo..¿no crees?)

-Tú sabras, y encima mátate poco a poco. Compuesta, sin novio y medio asfixiada, ¡vaya plan!.

-Es que cuando estoy delante de él, me dan unos sudores, huy yo no sé, lo qué es, pero me pongo fatal, y creo que se ha dado cuenta.

-Pues vaya disimulo tú también, ¿no querrás ser la comidilla de la oficina?, anda, tranquilízate un poco guapa, así no puedes ir por la vida. La gente es muy curiosa y se mete en la vida de los demás, más inri, si te pones como te pones, chiquilla....contén tus instintos primarios, anda, ja,ja. Que a mi me parece, que tú lo que vas pidiendo es algo de ejemmm...

-Para nada, te equivocas, me conformo con un abrazo, pero no sé, siquiera si podré dárselo, es muy descarado, y es lo que creo que necesito. Me está dando fuerte.

Continuará.....

viernes, 18 de noviembre de 2011

En aquel estudio




Imaginaba aquel estudio, la neblina se visualizaba como un aparecer entre tejas y vidrieras, a pesar de tener las cristaleras cerradas. Aquel hombre se ponía a escribir, pensamientos revolucionaban su mente, le venían ideas de su vida, de sus vivencias, de sus experiencias, y de su forma de pensar.

Para ella, era un joven sabio, sabía hablarle de la vida, de cómo afrontarse a ella, cómo pensar de manera más nítida y clara.

Ella abría su blog, con gran esperanza, de ver qué nuevas ideas y pensamientos, volverían a su lectura, para entrar en su mente y en su corazón.

A veces.... como era una chica soñadora, las interpretaba de una manera más ingenua, pero él, con su claridad de palabra, le hacía saber, lo que libremente podría ella pensar, sin condicionarla, sin aclararle nada, tan sólo induciéndola a que interpretara de la manera más sana.

Y ahí estaba ella, esperando, leyendo y pensando.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Su calor

El tiempo pasaba y ellos seguían ahí, miraban sus recuerdos, y sus anhelos, hablaban de lo que les preocupaba y de sus ilusiones puestas para un futuro.

Él la miraba cálidamente, en sus ojos se veía una ilusión, ella estaba deseosa por volver a sentir su calor, que poco a poco iba anidando en su interior. Sólo él, le podía dar esa ternura. Ella recordaba su mirada como lo más importante en su vida. Era, la que sin más, le daba amor y fuerzas para seguir desarrollando una gran felicidad.

Cada minuto que pasaba en su vida, buscaba ese calor, el recuerdo, de aquellos maravillosos y cálidos ojos, que la habían mirado en un instante de su vida, pero que habían colmado el resto para siempre.

Cuando veía sus labios, se deshacía en trozitos, los miraba, los deseaba y los sentía, y ya no existía nada más para ella, ni los más bellos amaceneres o atardeceres, ni las estrellas en una noche clara de luz, ni el más bello paisaje soñado.

Él era su paisaje, su hogar, donde ella quería habitar por siempre, y ver la vista más sorprendente, necesitada por su corazón.

Así era él.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Aquella cita

Alicia quedó con Jose, era un día cualquiera pero ella iba emocionada para su cita. Se levantó por la mañana y se preparó e iba realmente guapa, pero ella no se sentía así, al salir los nervios se acumularon, para colmo a punto de coger el bus, empezó a llover, su pelo se estropeó, su melena lacia peinada con una plancha, se llenó de ondulaciones que iban a un lado y a otro, haciendo lo que querían sin pedir ningún permiso, y su ropa se mojó.
Al subir al bus, se encontró con su ropa arrugada, y su maquillaje chorreándole por las mejillas, su pelo no tenía concierto y se sentía muy insegura.

Pero al llegar a su destino, y bajar del autobús, estaba Jose esperándola, lo primero que le dijo fue: un hola preciosa, pero qué guapa estás. Alicia se calmó un poco al ver que pese su aspecto, sus palabras parecían sinceras, puesto que hablaban sus ojos y su expresión.

Decidieron ir a tomar una cerveza, pero aquel bar por el mal tiempo estaba lleno de gente que se agolpaba y parecía que aquella cita romántica se estaba convirtiendo en algo desastroso total. Jose la miró a los ojos y le dió su mano, y a pesar del barullo de gente, en ese momento sus ojos hablaban con cariño, de esa manera, los dos se encontraban encantados de estar juntos.

Por fin, pidieron las cervezas pero la gente se puso a bailar, empujones y el ambiente agitado, no le importó mucho a Alicia que cogió de la cintura a Jose para que bailara con ella, y se encontraron sin pensar ni planear, cogidos en un fuerte abrazo.

Al final de la noche, Jose no quiso acompañarla al autobús, dijo que para nada se iría sóla, la acompañó a su casa en coche, y al dejarla salir a punto de entrar en casa, divisó la silueta y la sonrisa más bonita del mundo, pintada de despedida, y enfundada con unos ojitos de amor.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

martes, 1 de noviembre de 2011

La ciudad.







Eres la poesía de un día inesperado, apareces y haces que me sienta nueva con tan sólo verte. Eres un toque leve de caricias, que tu dulce piel suave hace resbalar mis labios por ella.

Caminas creando sendero y vas a mi lado, como los pasos que se hunden en un viejo asfalto, lleno de pisadas de múltiples personas de la misma ciudad, y cada huella es una historia diferente.

Pero la ciudad rebosaba de alegría, había multitud de personas, contando sus propias vivencias, con amigos, parejas, y besos dados en un cruce de semáforos.

Todo fue asombroso para una chica como Nerea, acostumbrada a un pequeño pueblo, le sorprendió que la ciudad se llenara de vida, era como cuando de pequeña iba a alguna feria y veía risas continuas.

La noche se fundió en la ciudad. En un parque se hizo la magia, aquel follaje rebosaba por la altura de la verja que circunvalaba los árboles, aquel color verdoso, se iba oscureciendo, y tan sólo se veían las hojas que asomaban por la verja ilumninadas por un pequeño foco en el suelo.

Nerea, miraba a los dulces ojos que la acompañaban, ahora sus pisadas eran más seguras, haciendo huella en sus pasos, como sus labios incitados a besar el aire de su novio, aquel pequeño sendero, se iba alejando, como se alejarían sus corazones, al tener que volver a alejarse de su amado, y no sabría, cuando al día siguiente , y al siguiente, y de nuevo al siguiente, volverían a caminar por aquella ciudad, ya que el destino hizo que Nerea se tuviera que mudar a una ciudad diferente, cuyo lugar como tantos personajes, que como Nerea, iban y venían haciendo camino en su vida.

Pero ella lo tenía claro, su vida empezaría en aquel mismo instante, en el cual cogiera su maleta y decidiera comenzar su vida, en aquella ciudad, con aquellos pasos que la acompañarían de por vida.