domingo, 30 de octubre de 2016

La fuerza de un sueño

En mi corazón habita un sueño, es un sueño de apariencia frágil,  tal como un susurro pero fuerte por el tiempo que llevo soñando con él

Es él cuando parece que se derrumba sin señal, con la ausencia, con mi impaciencia, con mi tristeza.

Pero... aunque no sea un sueño real, si hubo un tiempo que cautivó mi alma, mi corazón y mis sentidos a la máxima potencia.

Ahora no queda nada de mi sueño, tan sólo habita en mi lágrimas, en mi marchita vida sin él. 

Siento la tristeza porque he de decir que fuí muy feliz, cuando mi sueño era vida, yo veía la vida en transparente, mi boca era la suya, mis ganas me las calmaba, y mi deseo fluía  fuerte a su lado, yo vivía como la propia naturaleza.

Ahora sigo soñando, aunque la realidad me dejó sin esperanza, sin fuerzas, las agoté en amarte con la fuerza de un ciclón en el pecho, pero...¡quién sabe, tu fuerza fue mi gran amor! 

jueves, 20 de octubre de 2016

Cuando el amor es un dilema. Capitúlo I

Entre ilusión y sollozos me acerqué al edificio, era pues lo típico una entrada mediana con un recibidor de paredes de yeso blanco, una escalera, y un mini ascensor. La casa tendría unos 40 años pero estaba cuidada y parecía limpia. Era un barrio normalucho lejos de lo idílico en Roma, preciosas fuentes de dioses romanos etc...(nada especial, como cualquier barrio de España), pero parecía tranquilo y estos peros...limpio, tranquilo, me calmaba.  Conforme subía por el ascensor llamé a la puerta y me abrió una melena larga y lacia, que decía algo como: -Ciao soy Angélica- y poco más, y del mismo modo que me abría la puerta se giraba a lo suyo sin pestañear y pasando de mí, me pareció raro pero casi lo agradecí porque en esos momentos yo estaba que no sabía ni que decir, así que luego me fijé que hablaba en italiano muy rápido a la otra chica. Pasé al comedor y allí estaba Lucas el chico de Madrid (buff menos mal, pensé...-qué casa de locos-). Me miró muy tierno y me saludó, me presentó a  Chiara y Angélica, fue entonces cuando las chicas se mostraron muy atentas y complices, me enseñaron la casa y fueron amables.

Cuando llegué a mi dormitorio tenía ganas de llorar porque llovía y  me acordé de un chico, el cual en esos momentos sin pensar que podría pasar lo añoraba de manera bestial, como nunca se me hubiera ocurrido, y la lluvia resbalaba por el cristal, lenta y pausada. En ese momento quise volver a Murcia, lo recordaba como el mejor lugar del mundo, con su playas cálidas, sus salinas, su sol y Andrés, mi compañero fiel de fatigas, -jolín...como lo recordaba- me decía en susurros. Entonces me acosté en la cama, pensé que era el lugar más frío que había conocido y me dije que todo era mental que era sólo añoranza, miedo al cambio, y mucha soledad, pero que todo cambiaría y que mañana sería otro día. Debía ser fuerte y con los horarios y la vida rápida de la capital al menos no tendría ni tiempo de pensar ni recordar, así pues saqué mis cosas para hacer la habitación un poco mía, cosillas como mi perfume, unas fotos, por lo tanto mis olores y mis escenas en Roma

para así no sentirme tan sóla y desprotegida...