sábado, 17 de julio de 2010

La carta




En mi vieja carpeta, forrada por el grupo de moda, encontré una carta; era tuya, tenía la tinta desgastada, pero sus frases cobraban una fuerza especial que al volverla a leer de nuevo en mucho tiempo, despacio, sin prisas, con cuidado....

...descubriendo el significado de cada oración, pero creando una nueva perspectiva en mí. Ya no era como cuando por primera vez la leí. Por aquellos entonces yo estaba enamorada y tu vivías lejos de mí. Aquel amor de verano nos unió, y aquel otoño con la leve brisa en mis brazos culminándose por la caida de las hojas, nos separó.

Ahora no podía evitar sonreir al leerla, descubría mucho cariño y una gran autenticidad, que actualmente me cuesta tanto reconocer en las personas.

Sigo sonriendo, al pensar en tí.

¡Qué emoción, cuando venías a verme! y..... ¡Qué emoción cuando me escribías!.

Tu letra era sencilla y clara, tus cartas constaba de tres folios casi siempre.


Pero nunca olvidaré....Aquella carta.


La recibí en octubre( unos días antes de marcharte a tu tierra me dijiste si quería que fuéramos novios, y yo respondí que sí). Te fuiste, y a los pocos días, llegó esa carta.

La leí con gran nerviosismo y algazara como siempre...entre grititos a mi hermana, para decirle que ya había llegado tu carta, contemplación por el sobre y exaltada por esconderme en la habitación para disfrutarla... Así estaba yo dando vueltas por la habitación ( y puedo asegurar que lo de dar vueltas, es literal). Cuando llegué al final, de la misma,...¡Un anillo de plata!; con lo cual confirmabamos que éramos novios.

Precioso y emocionante aquel instante.

Y ahora al volverla a ver, lleva todavía el papel celo en el cual lo colocaste.

Gracias Antonio. Siempre te recordaré.

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