miércoles, 24 de marzo de 2010

Cositas de la vida...

Me llamo Elena, tengo 27 años y me acabo de levantar, llevo el pelo despeinado, muchas bolsitas en los ojos, y me dispongo sin apenas abrir los ojos a la cocina a por mi café.Bueno en realidad me lo hago todas las mañanas en mi mini cafetera unipersonal, si vivo sola desde hace un tiempo.

Antes vivía con mi madre, pero ella tuvo que marchar a casa de mi abuela, y ahora aunque la veo a diario, el desastre está hecho. He tenido que aprender a medio cocinar, preparar lavadoras y planchar. Ya nadie se digna en ayudarme

Tomo mi café con leche y bueno busco la ropa medio decente en mi armario (algo que no tenga muchas arrugas).¡ Esto es ponible!- pienso.

Luego que si un poco de maquillaje, sombra de ojos, y rimel y alé a la calle a trabajar. Me voy en mi cochecito ( es ideal para aparcar y consume como un mecherito)

Al llegar a la oficina el lio de todos los días, gente con sueño, otros con malhumor, y los típicos cotillas que se van al marujeo del desayuno. (Nada parece cambiar en meses).

¡Pero hoy ha sido diferente! He recibido una llamada de teléfono tuya.

Me dijiste que no volverías por esta ciudad. (Pienso para mi)

-Hola Elena,, soy Isra!!!- Y he vuelto, el trabajo en la gran ciudad no funcionó.

-¿ Tomamos un café o un algo?

-Sí, claro..si al algo te refieres a una tostadita de tomate con aceite.(dije, con voz de asombro)

-Je, je, estaría bien, para todo lo que te tengo que contar.

-Pues no se diga más- pensé y me puse el chaquetón.


Estábamos en la cafetería, tomando nuestra tostadita e Israel hablaba de su decepción con la gran ciudad, y de lo solo que se encontraba. Yo le miraba con cara de asombro y nostalgia (en el fondo me alegraba mucho volver a tenerle junto a mi).

Fué una mañana estupenda con gran asombro por mi parte. Y cuando volví a casa, y me ví envuelta de trastos por todos sitios, me sentí féliz de mi vida, de mis amigos y de todo lo que a veces no aprecio.

La conversación con Israel, me mostró que añoramos tantísimas cositas, cuando nos alejamos de nuestra casa, amigos y estilo de vida.

Y tengo que confesar que me alegré muchísimo de que mi amigo, me había recordado y me necesitaba.

Ahora veo que mi casa no es tan pequeña, que mi coche es fantástico, y que quiero a mis amigos, porque no quiero dejar todo aquello que me hace sentir bien.

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