martes, 9 de marzo de 2010

El tiempo transcurre, como hojas en movimiento sin asegurarse donde caer.
Las estaciones pasan, y mi corazón espera junto a ellas un reencuentro quizás.

Puede que los sueños empapen mi cabeza de anhelos insatisfechos, de esperanzas pasadas.
Intento repasar en mi cabeza, algún gesto tuyo, alguna sonrisa o alguna palabra que me haga recordar, pienso en tu voz y quiero llevarla conmigo a mis oidos.

Así intento tenerte cerca mía, que la lluvia y la niebla del invierno no borre tu mirada. Que el calor del día me acompañe con ilusión.

De esta manera soy más féliz y busco en lo recondito de mi cuerpo algo que me acerque a tí.

Todo esto lo hago con ternura, porque soy incapaz de ver la realidad y de aceptarla, porque me niego a pensar que nada sea posible. Que somos incapaces de decidir que la vida nos pone obstáculos y que no podemos derribar.

El tiempo pasa, y la lluvia resbala por las aceras, todo va cambiando y no entiendo por qué no te puedo olvidar y resbalar como la lluvia y arrastrarme a otra relidad, alguna en la que no estés tú, alguna que no me haga sufrir y esperar a que todo cambie dentro de mí.

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