viernes, 29 de enero de 2010

Cap. III

El cielo estaba cubierto y en la cocina apenas se oían esos susurros que parecían abrir puertas y ventanas de días anteriores.

Entonces Sonia se dió cuenta que fué la imaginación unida con el miedo a estar sola con su hijo lo que había causado un sentimiento extraño. Era como si la casa le acompañara con esos ruidos misteriosos. No tenía miedo por ella, tenía miedo de que le pasara algo a Abdul y ella no saber protegerle. Ella solía pensar que si por casualidad entrase un extraño en su casa a robar por ejemplo no tendría ella la suficiente fortaleza para defender a su niño. Y eso la atormentaba últimamente.

Entonces se acordó de cuando fue a Casablanca a por Abdul. Las calles eran tan asperas y secas, que se metían el polvo por todos los orificios de la cara, y los ojos se secaban con ese aire caliente, difícil de respirar. El caminar por esas tierras le invadió un sentimiento reconfortante, pensaba que su bebé era de allí y eso le producía mucha ternura.

Cuando por fín tuvo a su bebé en sus brazos, se dió cuenta de lo precioso que era ante sus ojos. Abdul tenía el pelo anillado cubierto de rizos pesé a sus poquitos meses de vida y se apreciaba fuerte.
Los ojos eran intensos y muy oscuros, tenían ese toque misterioso árabe, tan exótico del estilo a los cuentos que le leía su madre de pequeña como las famosas historias de: "Las mil y una noche".

Recordaba como se puso a su bebé en el pecho y le llamó la atención, que Abdul levantaba la carita hacia arriba. A Sonia le causó gran tristeza enterarse que su bebé levantaba la cabeza porque en el orfanato habían tantos bebés durmiendo juntitos que hacían el gesto para poder respirar, ella se enterneció y pensó que ya la tenía a ella, y que jamás le abandonaría. Por fín terminará su suplicio -¿Cómo un bebé puede sufrir nada más nacer? ¿Y cómo es el instinto de supervivencia que hace que ellos mismos busquen poder respirar para vivir?.- Pensamientos rondaban en su mente.

Para cuando fueron a Casablanca su matrimonio hacía aguas, pero ellos decidieron seguir casados por el momento por Abdul, querían parecer que serían un matrimonio estable, eso le ahorraría muchos problemas.

Cuando Sonia abrazó a su hijo lloró, se dió cuenta que aunque no tendría a su marido en un futuro, ya le daba igual. Tendría el amor de su hijo, que amor puede haber más grande en este mundo que el amor que siente una madre por un hijo, creo que ninguno tiene esa fuerza al menos.

Así después de unos días de sentirse perdida en un país extranjero y perdida con un hombre que solo le causaba dolor, ella se fortificó al tener a su hijo en brazos, y pensaba; sí es tan solo un bebé que fuerza puede tener un ser tan pequeño y sin embargo siento que me está salvando la vida.

Así ella le sonrió.

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