sábado, 11 de junio de 2016

Te alejáste


Era un amanecer que oscurecía, y entre un montón de besos y abrazos me quedé parada para esperar algo que no llegaba o no lucía por sí mismo.

-¿Por qué dices que te vas?. Si no me hablaste de ella, yo no suponía, que era el viento en otra dirección el que me alejaría de tu sombra.

No me creo que seas el mar que me baña cuando el oleaje me sacude y me arrastra, esa marea traicionera, que tan sólo me hace féliz ese salvaje olor penetrante de sal que tenemos los que vivimos en cerca de él.

Tampoco creo que seas el adoquín mojado por la humedad, ni mugrienta  fachada la que me reconozca, cuando ya no estés. 

Busqué en tus ojos un resquicio de verdad entre tanta niebla, aquella que cubría el horizonte por los montes deslizando casi desecha.

No encontré el amor, entre los geráneos de los balcones que lucían hacíendo cara o burlándose de mi ingenuidad, mostrando ese rojo bermellón pasional.

Ahora atardecía en Cádiz. Nunca había visto un anaranjado tan vivo contemplando "El astro Sol", -me quemaba, como un demonio- y mis ojos ardían de ver, y tan sólo por eso  no lloré. No quise arrebartarle esa pasión a la hermosa tarde desde la Bahía preciosa y eterna.

Calpe
Sus calles me envolvieron entre peatones caminaban, olor a frito y pescado, pero ya no volvería a verte.

Esa risa que me hipnotizó sin acusarme de amarte, hizo que tu amor fuera por ella. Nosotras, dos mujeres de arena fina y alma de cal, esa misma arenilla que nos traspasaba. -

 -¡Viva tu cielo!- admiré por última vez-. no  mereces ese paraiso, así que vete y vete y vuelve y vuelve.






 

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