lunes, 11 de julio de 2016

Huyendo. ( Parte Primera)

Cuando te conocí me parecíste de otro planeta, no por raro jaja, más bien porque me hacías sentir paz. Yo andaba estresada por mis problemas, necesitaba vaciar mi mente en nada y ahí estabas tú para calmarme, sin prisas, sin nada que hacer o pensar.
 Así estuvimos un mes de vacaciones, haciendo cosas pero nada especial, ni horarios, ni obligaciones.
 Todo esto pasó porque me escapé de casa, dejé  a mi marido, suegra, vecinos, cuñados etc....y me largué porque eran los demás o yo, y como yo misma me conozco desde que nací pues me quiero mucho más que todo ese lío de gente.

Me preguntaron que si ya no quería a mi marido, a lo que respondí que sí, que le quiero pero tanto por hacer por segundo me culminó en cansancio, en nervios y tal vez por eso me olvidé de él y de mi vida.

Llegó un punto que no sabía a quien amaba, no obtenía cariño, abrazos, besos simplemente porque llegaba molida al lecho. LLegué a realizar largas jornadas de trabajo en la fábrica, horas extras y todo lo que pillaba por conseguir más ingresos, y luego en casa las tareas.

Me estaba arrepintiendo de mucho, por ejemplo: no pude tener hijos, algo tan sencillo para mucho, pues para mí era un lujo impensable. Ahora me preguntaréis el porqué, pues muy sencillo -no tenía tiempo-, no me dejaban parar de trabajar. No podía tener hijos porque tenía que trabajar para mi casa, mi suegra, mi madre. Necesitábamos conseguir dinero para vivir.

Yo estaba triste y me largué y fue cuando te conocí y me separé de Manuel.

Continuará...

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