domingo, 16 de agosto de 2015

Mi bendición


Una bonita bendición fue conocerte, darle gracias al cielo por escucharte. Escuchar cuando hablas aunque sea sin palabras desde el susurro o desde el grito tu voz siempre se acopla a mis sentidos.

Una bendición fue mirarte. Mirándote; encontré un mundo diferente, el cual no parecía conocido porque me subía un desenfreno de alegría por dentro que no podía saber de donde provenía, y mirándote encontré el brillo más suave y sutil que me recordaba a un cuadro de Manet de sus años más maduros.

El caso es que cuando me besastes me quise quedar allí para siempre, parecía que tus labios y tu boca se movía dentro de la mía: sensual  y en circulos delicados, se iba introduciendo para que mis labios no pudieran jamás desear otros.

Y a pesar de no tenerte, tengo tu bendición, pues... la de haberte conocido, haberte querido para siempre y soñando con volver a verte aunque sean unos segundos más. Tú siempre serás mi bendición porque te quiero.

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