jueves, 14 de febrero de 2013

Alfredo y Conchita






 ¿La vida es posible que conlleve magia?.... O quizás es un sueño romántico de las novelas que leo, y en realidad la vida es tal cual, sin espejismos maravillosos de caballeros a galope contra el viento a  por su dama.

Conchita bajó al rellano a buscar correspondencia de Anita, y..¡¡bingo!!!ahí estaba, la carta de su amiga.

Subió las escaleras corriendo, abrió la puerta y saltó como un gamo sobre la cama de su dormitorio ( y como casi todas las jóvenes de todas las épocas,  se colocan siempre acostadas hacia abajo con las piernas en alto, en un movimiento ligero de impaciencia, -comenzó a leer-).

Hola Conchi:

Es increible lo que te voy a contar, y te voy a dejar del revés, cuando leas.

Estoy embarazada, -sí lo estoy-.

Mira, empecé con vómitos y fuí a un médico que me hizo una prueba. Yo estaba roja y nerviosa, incluso me compré una alianza falsa de oro, y busqué a este doctor de las afueras de la  capital para no abrir sospechas.

Le dije que venía de paso por Madrid, que estaba casada.. obviamente ensé mi anillo, y aunque creo que, bueno exageré, porque tampoco tenía que mostrarlo, pero es igual,  el  caso, es que pensó que era de alegría y no sospechó de mi soltería, y eso que yo deseaba estar embarazada.

 Acto seguido, me analizó la orina y en fin.....tras ir a por los resultados dieron positivos.

Pues sí Conchi, es de mi profesor.

Esa misma tarde no pude aguantar más mi angustia, y fuí a su despacho, le dije de tomar un chocolate caliente. El no pensó en nada, y me dijo que sí.

Se lo conté, así a lo bruto -Estoy embarazada-.

Al principio, hubo un silencio brutal, (quizás fueron segundos, pero para mí fue eterno). Luego yo empezé como a temblar. Y en ese instante, me dijo con voz cálida e inocente, como si no fuera tan grave, o no pasara nada: -Ana, cielo, ya sabes que me gustas y no hubiera deseado esto para tí, pero ya sabes  que yo no puedo casarme contigo. Creo que eso lo hablamos que no creo en la institución del matrimonio. Yo si quieres, estoy contigo  con el bebé, podemos pedir un traslado lejos donde nadie cotillé  de nuestro comportamiento y estaremos juntos. Nos haremos pasar por matrimonio ¿a quién le importa?. Y me quedaré contigo por lo menos los primeros años del bebé, luego quizás me vaya. -ya sabes que soy así-.

Luego podrías volver a mudarte y decir que eres viuda, yo que sé, así la gente no te molestará,  podrás incluso casarte.

Entonces, después de esto no dijo nada más.

Yo le contesté - ¿Pero...qué novela absurda me estás contando?. ¿ Lo único que sabes decirme es que huya y mienta y viva de esa manera, y para qué, si dices que luego te irás y nos abandonarás?, Eres un cínico, no quiero volver a verte jamás.

Y por cierto, gracias por lo que puedo volverme a casar, ¡vaya, qué amable!, faltaría más, lo haré, en cuanto encuentre un hombre.

Y eso pasó, salí de esa cafetería llorando. Y lo peor es que tiempo atrás el hubiera ido detrás mía para consolarme, pero ahora al mirar atrás me dí cuenta que no estaba.  Y lo más triste Conchi, que no estará. Pienso que fueron palabras incluso provocadas para mi enfado y orgullo, y se quedan en eso: en maliciosas palabras sin fundamento.

Necesito verte.

Un besito.

Anita.

Continuará.    

     
   

  

2 comentarios:

Jose dijo...

Pero, ¿a los tórtolos los vas a rejuntar de una vez...

Sigue, sigue. Es necesario que la trama se siga realizando.

Ánimo que está muy bien. Vamos, vamos ;)

Besitos ^^

Vick-al dijo...

Ja,ja me voy por los Cerros de Úbeda, ja,ja, besicos :)