domingo, 22 de marzo de 2015

La fiesta

LLegué a aquella fiesta contigo, era un bonito salón interior donde se abría a  una terraza con lámparas de color blanco que enmarcaban  mesas y sillas se respiraba "chill out" en la decoración, aquello era un estilo muy lineal y simplista, en un marcada tendencia vanguardista.

Rompía el entorno una fuente circular de dos pisos, manaba el agua de arriba hacia abajo, en mármol con azulejos. Se encontraba situada en el centro, como si de cualquier plaza de pueblo se tratara, por lo que causaba un contraste muy diferente. 
Los árbolillos flanqueaban sendas palmeras que contrastaban como si de un desierto se trataba. Entre sus ramas una secuencia de luces pequeñas unidas por unas hileras de cables recogían el espacio en destellos suspendidos de luz. 

Todo era precioso, aquellas fuentecillas en medio de un jardín de piedrecillas entre cactus y arbolillos, tu mirada fijada en  mis ojos, de ver mi cara de asombro. Yo no paraba de sonreir.

¿Quién me lo iba a decir? Tú me estabas invitando a una cena de tu Cofradía de Semana Santa, y yo que no conocía a nadie, y me sentía a tu lado relajada y segura. Mi vestido negro y mi chaquetita dorada hacía juego con la noche, puesto que todo el mundo vestía muy formal de colores clásicos.

La cena se sirvió despacio, saboreando los entretantes y delicias del momento. No era un lugar paradisiaco lejos de mi ciudad, ni un hotel de lujo, pero el entorno estaba cuidadosamente cuidado.

Hubo una charla al terminar la cena, unos agradecimientos a las personas que dirigen la cofradía y sus ayudantes, o algo así creí entender, (cofrades, damas de honor, secretarios, etc...).

Y luego para mi sorpresa un grupo que cantaban y tocaban de maravilla, nos hizo bailar en grupo hasta las cuatro de la mañana.

Me acompañaste a casa, me besaste y quisiste seguir y no parar, y la lluvia empezó a sonar por el cristal, tus abrazos y besos se mezclaron con los míos por la piel, suena a "mal rollo" pero decidí cortar porque no sentía que debía seguir. Estoy cansada de ilusionarme para nada, me duele el corazón de tan sólo pensar que me pueda doler.

Aunque no sepas mucho todavía de mi mundo, sigo pensando que la noche me hizo suspirar, tú me dirás si aún habiendo parado quieres seguir no sólo con besos, también conociéndome y escuchándome y amándome.

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