sábado, 23 de agosto de 2014

No marches

 La noche parecía no llegar, tus pasos se alejaban de mi vista y sentí una gran tristeza. No era una tristeza que me desgarrara el alma, sino más bien una pena que me invadía por el esófago hasta caer en el estómago mientras que poco a poco notaba como se adentraba dentro de mí.

Pensé.....

No volveré a verte y ya no volveré a sentirme viva y alegre. Y eso me conmovió.
 Hacía mucho tiempo que la tristeza no me dejaba ir a ver el mar; como cuando era niña, y se acababa el verano siempre hacía el mismo ritual...iba a la playa y en el agua lanzaba una moneda, pensando que así volvería a áquel lugar. Más tarde volvería a casa besaría las cuatro esquinas de mi habitáculo preferido y con esto tan superticioso, volvería a la ciudad feliz.

Ahora ya no tenía 11 años, no tiraría la moneda pensando en Jorge (el amor de mi niñez con el que jugaba a pelearme y tirarme bolas de arena, con el que iba en bicicleta, y el cual le gustaba pensar que el era mi Tarzán y yo su Jane, no era un amor muy romántico como véis, pero es lo que había).

Ahora eres tú, tampoco importa mucho porque no te conozco ni siquiera hemos intimidado pero me has hecho feliz, reir, bailar y saltar, y en mi corazón eso me ha hecho retroceder a los 15 y ha sido maravilloso poder pensar que sigue la chispa de la adolescencia, la ilusión poco madura, y el amor así como por casualidad.

No marches, no me hagas pensar que ahora volverá la melancolía a mi corazón.



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