domingo, 17 de noviembre de 2013

Aquella mañana de domingo junto a él

 Calidez en tu mirada, se posaba en mis piernas, en mi falda, en mi pecho.

Sentir tu calor, en una mañana fría de domingo, es posible si te noto respirar junto a mí.










Sensibilidad en tus manos, que besando las mías, el tiempo pasa, y pasa despacio. Estoy cada vez más cálida, ya no noto el frío posar en mi cara, la piel se refleja suave.

Te beso la mejillas y coloco la mía cerca tuya, ahora ya me hablas de pasión, me abrazas y me acaricias por toda la blusa, no sé donde dejé el chaquetón, quizás posado en el banco.


Los pilonos de piedra fueron testigos de tu ardor, yo no puedo dejar de abrazarte, mi cuerpo se queda en nada, fluye y desaparece tal cual se creó.





El mar de fondo, las palmeras y aquella montaña a lo lejos, parecía enmarcarnos en un cuadro, o tal vez en el tiempo, para sellarnos cual obra de arte; tus labios.
 


Elevados al cielo, frío otoño no nos dejes pasar, no digas que mañana será lunes y no podré verte, ni sentirte.
Y déjanos simplemente estar apasionados, enamorados, y lejanos de toda la realidad.




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