domingo, 24 de marzo de 2013

Conchita y Alfredo

Al día siguiente Anita, se despertó y le dijo a Conchita que se iba lejos, sus padres eran terribles, y decidió ir a casa de su prima, ella la entendería. 

Se despidió de Conchita con muchos besos, abrazos y lágrimas en los ojos, sabiendo que quizás ya se verían únicamente de manera esporádica.

Conchita se arregló para su cita con Alfredo, tenía la horrible sensación de miedo por Anita a pesar de que, estaba siendo valiente. Con paso firme luchando por su bebé, porque nadie le diría cómo tenía que vivir, y qué hacer, y no se casaría con un hombre que no amaba, engañándole, por el qué dirá la gente. Puesto que a ella ya le importaba un bledo, lo único que podía pensar era en su bebé.

Era un día frío, parecía como si la meteorología, se hubiera confabulado para que ese helor se comprimiera en su cuerpo. Llevaba  ropa limpia, olía a jabón y sus mejillas encontraron el color rosáceo idóneo para hacerla más jovial y perfecta.

Se aproximó a la cafetería, se giró, y allí sentado con un periódico estaba Alfredo, ella había olvidado el contrato y no había hablado con su madre de nada de la vivienda. Así que, con las manos en blanco, decidió ser sincera con él, no podía mentirle.

Se acercaba a paso lento, le temblaban las piernas, y allí estaba él, con una pose erguida y con la mirada dulce.

-Buenos días, siéntate por favor, ¿un café?
-Sí, gracias, buenos días Alfredo - le miró diferente, ahora reinaba una paz interior que aquel frío de la mañana se había convertido en tibia primavera.
-Estás muy guapa - se sonrojaba Alfredo
-Gracias, tú también, verás; ante todo no he traido contrato ni nada, tuve un incidente, tenía que socorrer a una amiga ayer, y mi preocupación hizo que me olvidara del tema, además, yo tan sólo quería, pasar a hablar contigo, y fue un poco excusa, aunque era verdad lo que te conté, pero el fin no era eso lo más importante.El caso es que,  me gustaría ser tu amiga, y no quiero tener timidez ante tí. Pues quiero que nos podamos ver tranquilamente y todas esas cosas que se hacen cuando estás a gusto con una persona.
-Vaya, no esperaba tanta sinceridad, me sorprendes, yo la verdad, es que también quería verte, me encanta estar contigo, creo porque siempre me he sentido bien cuando te he saludado, y no sé una especie de alegría que siento al verte, jaja, me estoy explicando fatal y eso que. algún día seré letrado, pero para estas cosas no sé ni qué decir.
- A mí me pasa igual, ja,ja perdona.

En aquel cálido momento sus ojos se acercaron con el calor del café, sus manos parecían juntarse porque sí, el aire les acaraciaba a pesar de ser frío y encontrarse en la terraza.

Alfredo no tenía el valor de besarla, nunca había estado tan atraido por una chica, y se sentía sin valor.

Conchita no podía hacer nada, ella necesitaba que fuera él, el que tomara la iniciativa, pero no le importaba, ella era feliz a su lado, acariciando sus manos, viendo sus ojos, sintiéndolo cerca.

Una bonita fría mañana de invierno, no se besaron pero os puedo asegurar que el tiempo los mantuvo unidos para siempre.

Envejecieron y volvieron a juntar sus manos, ahora era otra cafetería, no estaban joviales físicamente, pero sí en su corazón, se amaron siempre, tuvieron dos hijos y Anita encontró el amor de su vida, lejos de sus padres a los que por desgracia, los volvió a ver pero nunca perdonó.

Fin

2 comentarios:

Jose dijo...

Me gusta el final, quedándome con su parte menos abrupta :P

En general, paso a paso he visto como le has dado forma a la historia y lo has resuelto siempre con coherencia.

Mis felicitaciones ;)

Besos.

Vick-al dijo...

Pues muchas gracias Jose, me das ánimos, besitos.