Esta mañana ha salido el sol, pero el frío invernal, parecía ocultar el calor. Y como cada mañana he tomado un café y tostadas, al bajar al coche, un día más: tráfico, y la gente atolondrada disparada en sus vehículos para realizar las tareas matutinas. LLego al trabajo, y tras la cristalera, el sol vuelve a regalarnos su presencia, ahora ya noto el calorcillo, en ese pequeño instante recuerdo la mirada que tú posabas en mí, y me da un sentimiento cálido de añoranza, era esa mirada que me calentaba, y me hacía llevar ropa de primavera en pleno mes de Diciembre, -nunca tenía frío, junto a tí-. Y después pasó el tiempo en el cual ya no te sentía cerca, y no sabía como volver a mantener el calor de tu mirada. Así pues, me asomé a la cristalera buscándola en silencio, necesitándola, porque aquella noche había soñado con tus besos, nuestros labios se acercaban y sentía que el amor me recorría por el cuerpo -eran unos labios nuevos, con suavidad, ligeramente rosados-, y mis ojos los miraban con expectación, admiración y deseo. Y allí, en aquella cristalera, que iluminaba el recinto, salía de nuevo al coche..
¡Cielo, me he quedado mirando las nubes!, imaginaba tus labios con la misma esponjosidad, y allí me he quedado cerrando los ojos, volviendo a sentir la dulce sensación.
¡Cielo, me he quedado mirando las nubes!, imaginaba tus labios con la misma esponjosidad, y allí me he quedado cerrando los ojos, volviendo a sentir la dulce sensación.