La mañana apuntaba desafiante, un sonido emitido por el viento, entraba por la persiana abierta, y ese escalofrío amenazante de primeras horas del amacecer, me desconcertaba.
Yo iba envuelta tras una fina sábana, y me movía suavemente al despertar mi cuerpo aun dormido. El raso de mi pantalón cortito de pijama, acaricia con suavidad mi piel, y me sostiene, amarrado por un lazo que envuelve mi cintura cada noche, en una habitual imagen, dejándose intuir el resto del cuerpo por la aquella traicionera sábana, que me delata la silueta. En mi habitación, mi carita de nuevo, asomándome a un nuevo olor a tibio comenzar.
Lo necesitaba sí, pues ahora podía dejar pasar tranquilamente el otoño, el cual no había llegado a mi tierra hasta hoy, y en un tiempo atrás tuve una sensación de frío, aunque ya casi olvidada por unas largas temporadas de calor. Ahora sentía, como mi piel se estremecía, ante esa sensación tan tranquilizante.
Toda aquella noche había trascurrido en paz, mi sueño fue placentero, y al asomarme a la ventana en este anhelado despertar, sentí como mis brazos se agrupaban frente a dicho vano de luz, y la sábana que me envolvía, se hacía mi amiga, -me abrigaba- .La mañana parecía diferente, más limpia, más fresca, más cercana a mi sentidos, era como sí.... sintiera la vida de manera más personal, como sí..... fuera cómplice de una nueva llegada.
Y pude respirar su aroma en paz.