Aquella mañana era diferente. Me acababa de despertar y al principio me noté extraña, como una invitada. Me incorporé de la cama y no acertaba a darle a la luz como todos los días, puesto que: estaba en mi nueva casa.
Con los ojos algo cerrados todavía, caminé hacia la cocina, (y bueno.. al menos estaba amueblada), ya que el único mobiliario que contenía mi nuevo hogar, junto con una pequeña tele, una cama y un armario (donde había guardado todo lo necesario).
Por las esquinas seguían embaladas las cajas y mi ropa en un perchero portátil con ruedas. Pero me senté sobre un cojín en el suelo, encima de las losas de mi amplia terraza para disfrutar el amanecer.
El día estaba limpio, nítido, muy claro, una paz envolvía el ambiente, y no se oía un alma vagar, también se apreciaba la luz en el agua estancada de aquella nueva piscina. Me sentía bien, acordándome de todo lo que me había rondado por la cabeza últimamente, pensamientos como: -¿cuándo compartiré mi casa con alguien más?...tal vez un amor,-¿y le gustará?, ¿ se sentirá feliz conmigo aquí?-.
Pensando en sus ventajas e inconvenientes, se me cruzó por la mente que era un sitio muy tranquilo, pero por otro lado algo solitario. Y bueno, soñaba despierta con mis nuevos amaneceres, llegando a la conclusión de que: -¿ y qué más da?. -Si yo estoy bien, y cerca de mis amigos,-eso es lo importante-.
Aunque no se puede evitar analizar los pros y los contras cuando te vas a vivir por tu cuenta, y todo es nuevo para tí. Y es cuando recuerdas la vocecita de tu madre diciendo con una gran pena o (chantaje emocional): "hija, has hecho bien, después de todo no estamos muy lejos, y podremos vernos", -y cosas así-.
Y ya sabes que, con la hipoteca que tienes encima, y con la ayuda de tu madre con la entrada, buff, ya no hay marcha atrás.
Y entonces es cuando la imaginas...con gente, con amigos, con muebles, y con tu toque personal (todas las cositas que te han regalado a lo largo de tu vida, cartas, y recuerdos que con tanto cariño guardaste en la mejor caja, algo melancólica).
Pero sin saber muy bien el porqué, o quizás sí, sientes que a pesar de la nostalgia que creías que ibas a tener, pues a pesar también de no imaginarte feliz tan sóla, sino todo lo contrario más bien triste, -pues no es así-. Viendo aquella preciosa mañana, y el olor a verde de los árboles colidantes, te sientes en paz y con una gran libertad.
Libertad de hacer, y moverte a tu antojo, y sacarte el café a la terraza sin molestar a tu familia, y es cuando te das cuenta de que vas a ser tremendamente feliz.